estreno
GUERRA DE LOS MUNDOS

(o como se llama de verdad: "War of the Worlds")
Director: Steven Spielberg
Año: 2005
Spielberg tiene algo. Creo que el hombre es de esos extraños casos en los que uno podría afirmar que alguien “nació para esto”. Más allá del profundo cariño que un servidor pudiera deberle, al haberme inducido, con sus mas célebres trabajos de antaño, a mi precoz cinefilia, e independientemente de la redondez de sus obras (que es muy variable), siempre, absolutamente siempre, hay algo que vale la pena de su trabajo vigente, cualquiera que este sea, y que se pone por encima de lo que puede “valer la pena” entre los trabajos de otros de sus colegas.
Si bien, ideológicamente podrían objetársele varias faltas, su cine, como el medio para contar historias que fundamentalmente es, siempre posee un rigor narrativo que el enorme dominio de su oficio y su amor por el lenguaje cinematográfico le permiten. Aunque lo que se contara fuera el parto de un becerro. O el trayecto que sigue un alimento por el aparato digestivo. Cualquier nimiedad, en manos de Spielberg contaría, por lo menos, con tres momentos memorables. Cualquier anécdota que pudiera no merecer ni la mínima atención del respetable público, como la enésima invasión extraterrestre captada en celuloide, en sus manos, se convertiría si no necesariamente en un clásico, sí en un espectáculo imprescindible de experimentar. Y justo es eso lo que sucede con “Guerra de los Mundos”, su último proyecto.
No hace falta decir mucho sobre la trama. Los extraterrestres nos invaden y están decididos a exterminarnos. Ya lo vímos en “Día de la Independencia” y en “Señales”, por mencionar solo ejemplos recientes. Vaya, hasta Tim Burton nos recetó una (exquisita) farsa con el mismo telón de fondo en “Mars Attacks!”. Lo importante aquí no es lo que se cuenta. Y sobra decir que considero que incluso las muchas fallas, sobre todo de plausibilidad, en el guión, también obedecen a este mandato. Lo que importa, en esta ocasión, es cómo se cuenta. Que lo vemos todo desde el punto de vista de una familia tampoco es novedad, también lo hizo Shyamalan. Pero el funcional matrimonio que logra el director entre los recursos con los que cuenta, sin embargo, si es de aplaudirse. Y es que el, como nadie, conoce la importancia que cada elemento juega en el logro de una reacción en los espectadores. Y a pesar de que muchos, cuando piensan en Spielberg piensan en efectos especiales, el hombre sabe que economizar a veces es la mejor arma. Conoce de sobra, también, el poder de la pirotecnia. Sabe cuando esconder. Y cuando apantallar. Es esa manera magistral de “jalar los hilos” (digo, ya que estamos hablando de marcianos no está de mas un pequeño homenaje a Ed Wood) la que nos recompensa con creces por el dinero gastado en el boleto.
Y es que ya quisieran muchos, con sus modernismos y supuestas propuestas avant-garde, contar las cosas tan bien como lo hace este señor. Y para muestra basta un botón. Solo recordemos lo que uno podría llegar a pensar durante el metraje de otra película veraniega y espectacular. Digamos “Matrix: Reloaded”. Entre tanto vericueto argumental y camaras lentas excesivas, uno tenía tiempo para articular mentalmente, y para sí mismo, cosas como: “ah, que padre les salió ese efecto”. O “no… eso se vé como monito de Game Cube”. En “Guerra de los Mundos”, por el contrario, no recuerdo haber pensado, en ningún momento, algo sobre los efectos especiales, o de sonido, o la música (que, aunque fue compuesta por John Williams, sorpresiva y afortunadamente nunca busca notoriedad, sino que se limita a humildemente complementar a las imágenes). Recuerdo, mas bien, haber tenido reacciones. Ante el aciago tono de un atractivo prólogo con narrador. Ante el sonido de unos poderosos y persistentes relámpagos. Ante la mirada ominosa de unos trípodes y el terrorífico ruido de maquinaria que servía como preludio a su ataque. Ante las ropas de las pulverizadas víctimas, cayendo lentamente al suelo. Ante enormes tentáculos tomando con saña a prisioneros hacia un incierto final... Si se trataba de sacarlo a uno de la butaca y meterlo en lo que sucedía en pantalla, creo que “Guerra de los Mundos”, casi en la totalidad de su duración, lo logra. Inconsistencias en el guión aparte.
He escuchado muchos “peros”, y con algunos coincido. Pero ya quisiera poder sentarme a disfrutar una película de Michael Bay, o de muchos otros, como lo hice con esta, con todo y sus hoyos de guión. Pero no. Creo poder decir que “Guerra de los Mundos”, al igual que su autor, y sin ser una obra lograda en su totalidad, tiene algo. “Algo” bastante escurridizo e indefinible. Pero lo tiene. Una sensación de ruina. De fragilidad. De canibalismo. “Eso” que nos hace sentir esta nueva invasión extraterrestre, que no es otra cosa mas que una representación de la escondida conciencia colectiva de la vulnerabilidad de la especie humana (o nuestro temor a ella, aún a pesar del conocimiento de nuestra supuesta supremacía), en carne propia. Donde no hay, como en “Día de la Independencia”, gente escondiéndose en las ruinas sobándose las espaldas, unos a los otros. Aquí solo hay gente que corre desesperada. Gente que despoja a una familia de su bien mas preciado, un automóvil que funciona (tan controvesial dentro como fuera de pantalla), en una escena tremendamente lograda, y representativa de lo que es realmente, y lo que provoca, la desesperación humana. Una desesperación que nos convierte en verdaderos verdugos. Esta misma supervivencia humana/animal se refleja también en la escena en la que Ray, el personaje de Tom Cruise, se vé obligado a matar, por su propio bien y el de su hija, a Ogilvy, un desequilibrado Tim Robbins que, usando una vez mas esa dicotomía “amenazador/vulnerable”, pareciera repetir su oscareado papel de Mystic River. Esta escena del asesinato, sin ser explicita, o precisamente por eso, con esa música-ruido de Williams a todo lo que dá, acompañada de los tarareos infantiles y atemorizados de Dakota Fanning, es también una de las mejor resueltas en la cinta. Y como estos, hay otros momentos, también valiosos, esparcidos a lo largo de la película. Lamentablemente, son solo eso, momentos. Pero qué momentos.
Aspectos negativos también los tiene, bastante notables. El crescendo inverso de su estructura crea una especie de sinsabor final, un anticlímax que, junto a la muy complaciente conclusión escrita a los personajes, y la atípica (pero inteligente) resolución directa del libro de H.G. Wells, aproximan a los espectadores al disgusto y la decepción. Es como una montaña rusa en la que el último cuarto del viaje tiene una velocidad de 2 kilómetros por hora. Además, el hecho de que este proyecto haya sido desarrollado en conjunto por Spielberg y Cruise, y por ende tuviera a este último como protagonista, no le beneficia mucho, y no porque Cruise se desempeñe mal como actor (al contrario, creo que logra un trabajo bastante decente). El problema es que a un público tan influído por el poder mediático, del que Tom Cruise es uno de sus dioses, le cuesta trabajo creer que Ray es realmente un hombre común y corriente.
El guión, por su parte, tiene varios puntos bastante flojos (además de sus agujeros y problemas de plausibilidad), siendo el mas notable un intento de nudo dramático a la mitad de la narración, la partida del hijo con los soldados, que no termina de convencernos (no se logra entender exactamente cual es la motivación de dicho personaje) y que, peor aún, dá lugar al peor golpe de efecto de la película, su final feliz, en el que solo faltaron mariposas volando alrededor de los protagonistas. Aunque no hicieron falta mariposas para hacer darnos cuenta de que, efectivamente, y una vez mas, Spielberg nos recetó, a fuerzas, otro final feliz. Demasiado feliz. Argumentalmente, entiendo que tal vez el viaje de Ray, el personaje central, el cual presumiblemente es la transición de la indiferencia a la responsabilidad paternal, estaría incompleto si uno de los hijos se hubiera muerto. Sobre todo, considerando que su muerte hubiera abierto otras posibilidades que definitivamente no se iban a explorar en esta cinta (la muerte de los hijos es un tema que se trata en cine por lo regular como eje de la trama y no como un elemento menor en la historia, y de hecho, de haber sucedido y para cerrar bien, la película debería durar por lo menos media hora más). Pero aún entendiendo esto, tanta complacencia, a la hora de la hora, abruma negativamente. Creo que un final abierto hubiera beneficiado mucho a la historia. La llegada de los personajes a la misma casa, pero en ruinas y sin habitantes, y el cierre de la cinta en la espera del regreso de sus seres queridos, sin respuestas, hubiera sido la opción mas lograda, para mi gusto. Aunque bueno, a la mayoría de la gente no le gustan los finales abiertos.
Respecto al final del libro, que a muchos, visto en cine, y de la manera tan breve en la que se explica, les ha parecido estúpido, yo aplaudo que se haya decidido respetarlo, puesto que también se conserva impreso, con esto, el discurso que ha hecho trascendental esta obra a lo largo del tiempo: la intervención humana rinde frutos solo en nuestros delirantes sueños de grandeza. Hay un orden por encima de todo. Por encima de nosotros. La naturaleza pone las cosas en su lugar, eventualmente. Y su voluntad a veces nos beneficia, y a veces nos perjudica. No existe tal cosa como la supremacía del hombre. Somos solo otra especie, con mayores posibilidades, pero que no ha escapado ni escapará del imperio de esa inexorable fuerza. Es la eficaz representación de nuestra vulnerabilidad ante esa fuerza la que ha mantenido vigente y dota de trascendencia el trabajo de Wells, y beneficia ligeramente al trabajo de Spielberg. Creo que a pesar de sus tropiezos, tanto director como guionista entienden y procuran respetar el significado de la obra original y hacen eco de su planteamiento alegórico, en una especie de preludio para la audiencia sobre la resolución, en la escena en la que Ray quiere quitar una astilla del dedo a su hija y esta le dice, porque lo leyó, algo así como “mi cuerpo sabrá cuando expulsarla, tu solo me lastimarás”.
En fin, este último trabajo de Spielberg merece la división de opiniones de la que ha sido objeto. Depende de la visión, preferencias y tolerancias de cada espectador que éste considere que la balanza se inclina hacia arriba o hacia abajo. Pero creo que aún a pesar de todo, “Guerra de los Mundos” merece la revisión. No será la película favorita de muchos. Y no tiene porque serlo. Pero como ejercicio cinematográfico, posee una extraña cualidad: la coexistencia entre lo mejor y lo peor de su autor. O en otras palabras, lo mejor y lo peor de Hollywood.
En pocas palabras: Los buenos (muy buenos) momentos compensan por los malos (muy malos) momentos.
¿Te lo explico con estrellitas?:


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