Especial

Al parecer cada año disminuye el número de mis películas top. No sé si cada vez me vuelvo mas amargado o menos impresionable, si cada año la cosa va peor o si simplemente, como todo adulto, mis intereses se van volviendo, con el tiempo, cada vez mas específicos. Empecé el presente tratando de encontrar, infructuosamente, la típica cifra para este tipo de conteos: una decena. Y fué esa búsqueda la que ha demorado la publicación del texto hasta el día de hoy, mas cerca ya de la mitad del nuevo año que del fin del viejo. A pesar de haber encontrado, sí, muchos filmes que vale la pena ver, debo admitir que han sido solo pocos los que me exigen ser incluidos obligatoriamente en la filmoteca personal. A continuación las cinco cintas que mas me conmovieron, divirtieron y/o hablaron directamente de alguna manera, estrenadas durante el pasado 2009.
1. Where the Wild Things Are
La niñez es históricamente uno de los temas más pobremente tratados en el cine. No hay que hacer mucha memoria para darnos cuenta de que la mayoría de los niños cinematográficos no son realmente niños. No es casualidad que para su retrato se recurra comúnmente a actores que son poco menos que adultos chiquitos. Dakota Fanning, Haley Joel Osment, Maculay Culkin, el creepy e irritante niño con anteojos gigantes de 'Jerry Maguire'… ESOS no son niños normales. Ni tampoco lo eran Los Goonies, con los que crecimos y de los que nos enamoramos precisamente porque hacian cosas que nosotros no haciamos, se metían en problemas en los cuales nosotros, incluso de pequeños, podiamos discernir que dificilmente tendriamos e inventaban espontáneamente tanto soluciones einsteinianas como encantadoras y asutas líneas de diálogo que nosotros aún treinteando no podemos sacarnos de la manga ni aún cuando en verdad las requerimos. Bueno, aquellos quienes se han tragado completito y sin chistar el credo hollywoodense de los mandamientos de la infancia odiaron o simplemente se aburrieron frente a esta carta de amor de Spike Jonze a la niñez y rebelión al esquema común de la aventura infantil en el cine. Y aunque a diferencia de Max, el infante protagonista, yo era un niño bastante bien portado, su viaje interior no hizo mas que involucrarme y conmoverme hasta la médula, como una suerte de regresión hipnótica hacia mis inicios en el mundo. Jonze tuvo a bien saber que más que emocionante, más que chistosa o que adorable, la niñez es salvaje. Es menos sobre matar a la bruja que sobre entender a la bestia interna, que goza y sufre a intensidades exhorbitantes. Y qué bello es el avistamiento de la poesía tan en bruto que es en realidad el salvajismo de la niñez. Destaca la aparentemente relajada narrativa, que pretende asemejar la imaginación infantil y carece de manera obvia de la estructura cinematográfica común. Y es que al parecer, el cine lo había tenido todo mal. Y así vinieron, valientes, Spike Jonze, Dave Eggers y hasta Karen O (vocalista de los Yeah Yeah Yeahs) para enderezar lo que por años había sido la norma. Aquí no hay tesoro que encontrar ni una moraleja clara y explícita. Lo que hay es toneladas de imaginación y sentimiento. Justo como cuando eramos niños. Los que sepan de lo que hablo acompañen esta obra de pañuelos. El resto puede quedarse viendo televisión.
2. A Serious Man
Una de las cintas mas enigmáticas y poderosas que he visto en mucho tiempo. Los hermanos Cohen se siguen revelando, además de como verdaderos genios en su oficio, como todos unos filósofos que utilizan con maestría su medio nunca para dar sermones (hola, James Cameron) sino para plantear cuestionamientos, levantar polvo, remover (o quizá hasta multiplicar) telarañas. Esta es la historia de la kafkiana cuesta abajo de un buen hombre que ve su vida desmoronarse poco a poco, día tras día, noticia mala tras noticia mala, ante una incomprensión que no encuentra alivio ni en doctrinas ni en escapes. Cada cuadro hermosamente filmado y cada movimiento inquietantemente orquestado suman una obra que a pesar de progresar en cada momento hacia una mayor pesadumbre y culminar en un muy negro climax, nunca deja de ser sorprendente e incómodamente graciosa. Desde el inesperado y delicioso prólogo (que me hizo soñar con una cinta de horror á la Cohen) hasta ese shockeante, triste, poético final abrupto (especialidad de los autores y, en mi humilde opinión, nunca antes tan perfecto). ¿Qué es lo que le está queriéndo decir Dios, se pregunta el protagonista (sublime Michael Stuhlbarg, rodeado de un elenco ídem), al ponerlo enmedio de semejante serie de desafortunados hallazgos y eventos? ¿Qué mensaje divino debería poder dilucidar en los rastros de la catástrofe? Probablemente ninguno, parecerían decir los Cohen. Refrescante trancazo en tiempos de gurús.
3. Fantastic Mr. Fox
Qué buen año para el cine infantil. Y no, Pixar no fué el responsable de lo mejor de la cosecha (usualmente lo es, pero solo porque Spike Jonze y Wes Anderson no andan por ahí haciendo filmes “para niños” cada año). 'Up' es linda, si. La introducción es brillante. El resto es la formula Pixar que ya comenzamos a sabernos de memoria. Punto. ‘Fantastic Mr. Fox’ es genialidad pura. Es una bofetada con guante blanco. De terciopelo. O mas bien, de pana. Repleta de exquisitos fotogramas que despiertan un particular gozo en los sentidos, ésta es la clase de cinta que conjuga magia con cada color, cada textura y sonido. Y qué cosquilleos tan placenteros en nuestro humor provoca también cada linea. Todo un regalo el poder ser parte, por hora y media, de esta familia de peludos muñecos, mientras nos burlamos, sutilmente, pero con una agudeza deliciosa, de la filosofía capitalista (o cómo la ineptitud puede resultar verdaderamente malévola) y rendimos homenaje a lo que realmente vale: el ingenio, la honestidad, la solidaridad, la familia. Una obra inteligente, sencilla y cálida del geniecillo Wes Anderson. Inmortal ya. En la cumbre de sus trabajos (junto con 'The Royal Tenenbaums', para mi gusto). Una razón más para querer tener hijos: que crezcan con esta joya.
4. Drag Me to Hell
Fábula moral, tan oportuna en tiempos de crisis, disfrazada de película de terror serie b con humor gamberro y espíritu chocarrero. Que hacia mucho no me divertía tanto en una sala de cine, como cuando puberto, ya lo he dicho muchas veces. Que admiro lo que Sam Raimi hizo con esta acécdota que no daba para mucho, convirtiéndola en una delicia escatológica, mordaz y mas importante, aterradoramente crítica, bueno, eso no lo he reiterado tanto. El mayor acierto de ‘Drag Me to Hell’ es que aunque presenta en la superficie un spook-fest sumamente ligero, se equilibra con un cuestionamiento ético tan incisivo como necesario, y por lo mismo, inesperado. Que hasta la gente buena va al infierno, dictaba su slogan. Y si. Vaya discurso. Muchos hemos estado, en nuestro contexto particular, en los zapatos de Christine, el personaje principal, quien niega un prestamo a una anciana enferma, dejándola en la calle, para demostrarle a su jefe que puede tener la mano dura que se necesita para ascender de puesto en el esquema bancario. Raimi va mucho mas allá, dejándonos participar aún mas en los pecados de una protagonista que si bien tiene buen corazón (y reitero, ¿quién no?) ha dudado poco en hacer lo necesario para darle abasto a un mundo que le va poniendo enfrente cada vez mayores y mas absurdos requisitos. La gordura en el pasado, suplantada por una dieta eterna en el presente, la cinta de audio para corregir su acento (presumiblemente sureño) que, en lugar de música, la chica escucha en su auto, la falta de contacto con su alcohólica madre, la importancia de un ascenso que se busca para entrar en el juego de clases que propone, sin saberlo, la familia de su prometido, son detalles que le dan riqueza a la narración y al significado de la cinta. Una joven profesional, tan buena como cualquiera, que pierde su alma, y de paso algunos pelos, en su ‘progreso’ de adolescente campesina a ejecutiva cosmopolita. Buen análisis del estado del humano de hoy en día, dibujado, eso sí, con una rica variedad de fluídos babosos y sanguinolentos. El plus: valor de revisión infinito. Raimi entretiene porque entretiene. ¿Qué no?
5. Cochochi
Evocador y sencillo relato enmarcado en la hermosa sierra tarahumara que cuenta las andanzas de un par de pequeños hermanos en su odisea por entregar una caja de medicinas a un pariente anciano y recuperar de paso el caballo de su abuelo que tomaron sin permiso y perdieron al inicio de su travesía. La frescura de un filme de este tipo, desprovisto de rebuscamientos, nacido de la sabia y humilde obediencia de sus autores a las oportunidades que el escenario y sus habitantes les brindaron, se percibe casi como milagrosa y se agradece de tal manera. La poesía capturada del contexto natural y su gente sorprende y encuentra su mejor expresión en ese delicado balance entre austeridad y magia, sutil e insospechada, que desborda la pantalla, con los sonidos y sublimes texturas que este inesperado espectáculo, tan o mas imponente que reinos computarizados en tercera dimensión, nos ofrece: el surrealismo de un bosque vestido de niebla, la belleza de un caballo, la identidad de un pueblo, la inocencia de un niño.
Las Buenas (Menciones Honoríficas):
An Education. Secilla historia que se vuelve grande gracias a un tratamiento cinematográfico impecable, pero nunca solemne. Con el corazón y la razón en perfecto equilibrio, duración breve, elenco soberbio y una protagonista, Carey Mulligan, brillante y encantadora.
Away We Go. Esta pequeña cinta, polarizadora de opiniones, amí sí me hizo gracia y sobre todo, logró conmoverme, con su episodica y sencilla narrativa de viajes, breves meetings y forzosas huidas. Me resulta, además, necesariamente refrescante la idea del hogar que se busca, opuesta a la estoica y común resignación de empezar el nido en donde se nace, crece o trabaja.
District 9. La verdadera mejor cinta de ciencia ficción del año llegó de la nada para enseñarnos que ingenio y talento, aderezados con un poco de insight socio-político, pueden hacer mucho, mucho más que la mejor de las intenciones y los mayores de los recursos.
The Hurt Locker. Generadora de simpatias instantaneas por arrebatarle el Oscar a la megalománica ‘Avatar’. Aunque en definitiva no la considero la mejor película del año si es una de las mas sólidas cintas de suspenso cardiaco y adrenalínico que he visto.
Inglorious Basterds. El fin del nazismo revisitado de la mano de la justicia poética y sanguinaria, dirian algunos, de Tarantino. Filmada con su usual brío, esta cinta ha sido amada y vituperada por igual. Mas que una obra maestra es una curiosa ocurrencia, eso sí, brillantemente ejecutada.
Summer Hours (L'Heuré d'été). Evocadora meditación sobre el significado de la herencia. De impacto sutil pero persistente. Un retrato honesto, y por lo mismo sorprendente, sobre una familia ‘no-disfuncional’.
Two Lovers. Con cierta herencia de un oscuro Woody Allen corriendo por sus venas y un excelente trío protagonista, esta historia de amores no correspondidos y vacíos existenciales (y la influencia de lo uno sobre lo otro y viceversa) logra conmover y hechizar con su elegante retrato del Brooklyn neoyorkino.
Las Malas (Menciones Horroríficas):
Solo ví dos películas realmente malas en el año y esas fueron el remake de ‘Friday the 13th’ y la secuela del remake de ‘Halloween’. No esperaba menos de los discipulos de Michael Bay y su espantoso y pendejo refrito de una serie que de igual manera ya era pendeja y que, además, nunca me gustó. Pero lo que ha hecho Rob Zombie con ‘Halloween’ sí denota tremendo daño cerebral y debería ser sujeto a castigo penal. Cabe mencionar que solo vi ambas cintas por morbo. Así que tuve mi merecido. No escribiré mayores quejas.
Las del Killer-Hype:
Lars Von Trier arruinó su potencial obra maestra ‘Antichrist’ con penes prostáticos escupe-sangre y clítoris cercenables de plástico. Rob Marshall hizo deslucir, y vaya que eso parecía hazaña imposible, a Daniel Day Lewis en ‘Nine’ regalándole un personaje principal irritante y desdibujado en una cinta ídem (pero eso sí, muy deslumbrante). Tom Ford demostró que poseer sensibilidad cinematográfica no es suficiente cuando entran al quite los tics estéticos de revista Vogue en su meritoria pero aparentemente autoboicoteada ópera prima ‘A Single Man’. James Cameron dedicó 10 años perfeccionando la tecnología que le permitiría filmar su extravaganza ‘Avatar’ y presumiblemente ni una milésima parte de ese tiempo a la escritura de su acartonadísmo guión. Los kilos del ahora flaco Peter Jackson son directamente proporciales a su ingenio, o eso parece probar la desangelada y excesiva ‘The Lovely Bones’. Y 'Watchmen' de Zack Snyder, con todo y sus varios momentos brillantes, fué una adaptación respetable y satisfactoria para los fans del comic. Yo no soy uno de ellos. En cambio la supuestamente terrible 'Los Abrazos Rotos' de Pedro Almodovar, resultó ser, sí, una obra menor, pero también suficientemente digna y bastante llevadera.


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